viernes, 29 de abril de 2011

Tú eres el resultado de Tí mismo

No culpes a nadie, nunca te quejes de nada ni de nadie porque fundamentalmente tú has hecho tu vida. Acepta la responsabilidad de edificarte a ti mismo y el valor de acusarte en el fracaso para volver a empezar, corrigiéndote. El triunfo del verdadero hombre surge de las cenizas de error. Nunca te quejes del ambiente o de los que te rodean hay quienes en tu mismo ambiente supieron vencer; las circunstancias son buenas o malas según la voluntad o fortaleza de tu corazón. Aprende a convertir toda situación difícil en un arma para luchar; no te quejes de tu pobreza, de tu soledad o de tu suerte, enfrenta con valor y acepta que de una u otra manera son el resultado de tus actos y la prueba que has de ganar.
No te amargues con tu propio fracaso ni se lo cargues a otro, acéptate ahora o seguirás justificándote como niño, recuerda que cualquier momento es bueno para comenzar y que ninguno es tan terrible para claudicar. Deja ya de engañarte, eres la causa de ti mismo, de tu necesidad, de tu dolor, de tu fracaso. Si tu has sido el ignorante, el irresponsable, tú únicamente tú, nadie pudo haber sido por ti. No olvides que la causa de tu presente es tu pasado, como la causa de tu futuro es el presente.
Aprende de los fuertes, de los audaces, imita a los violentos, a los enérgicos a los vencedores, a quienes no aceptan situaciones, a quienes vencieron a pesar de todo. Piensa menos en tus problemas y más en tu trabajo y tus problemas sin alimento morirán. Aprende a nacer desde el dolor y a ser más grande, que es el más grande de los obstáculos. Mírate en el espejo de ti mismo. Comienza a ser sincero contigo mismo reconociéndote por tu valor, por tu voluntad y por tu debilidad para justificarte. Recuerda que dentro de ti hay una fuerza que todo puede hacerlo, reconociéndote a ti mismo, mas libre y fuerte, dejarás de ser un títere de las circunstancias, porque tu mismo eres tu destino y nadie puede sustituirte en la construcción de tu destino. Levántate y mira por las montañas y respira la luz del amanecer. Tú eres parte de la fuerza de la vida.
Ahora despierta, camina, lucha. Decídete y triunfarás en la vida. Nunca pienses en la suerte porque la suerte es el pretexto de los fracasados.

Pablo Neruda.

martes, 26 de abril de 2011

Anoche.






Anoche tiré todos los relojes,




cobraron vida, me asusté,




el constante recorrido de la aguja




enmarcaba mi locura por segundos.








Las prímulas que me regalaste un día,




siguen ahí, deslumbrando la habitación,




haciendo pedazos los sueños que tuve despierta,




frente a la ventana, el mar,




la brisa acaricia mi piel,




el mar hace de mi amante cuando tú no puedes hacerlo.








Enterré mis ilusiones en un gran vergel,




allí solo acaban los surrealistas,




libé mi propia alma,




quedé en huesos,




quizá me volví loca, no lo sé.








Anoche burlé al tiempo,




los recuerdos arañaban mis ojos,




esa tormenta fébril me hizo débil de nuevo,




solamente este gato orondo me hizo compañia,




sus ojos me recuerdan a los tuyos,




fíjate, hasta en él te busco.








Desplegué el sillón que hay en la salita,




he dejado la cama abandonada,




estoy cansada de que se burle de mí,




las sábanas empiezan a volverse amarillas,




pero no me importa,




intento hallar una pizca de ti ahí,




entre almohodones y colchas.








Me converti en una persona dogmática,




irrisoria, austera,




entretanto seguiré viviendo sin relojes,




quizá el tiempo consiga ser efímero.

viernes, 22 de abril de 2011



Recuérdame después de haberme ido cuando, bajo la tierra silenciosa no me alcance tu mano temblorosa ni pueda desandar lo recorrido. Recuérdame sin más cuando perdido el sueño que soñaste, cual la rosa, se deshoje, pues ya ninguna cosa, promesa o ruego, llegará a mi oído. Mas si me olvidas por un tiempo, amado, al reparar en ello no te aflijas. Si la muerte y los vermes han dejado algún vestigio de mi pensamiento, prefiero que me olvides si contento estás a que me evoques y te aflijas.

Christina Rossetti.

martes, 19 de abril de 2011



La elegancia del erizo, una obra maestra de la exquisita escritora Muriel Barbery. ¿ Qué decir del argumento? ¿ qué decir sobre esta historia irrevocablemente hermosa y cautivadora?. Muchas cosas, muchas de las cuales, estaria dispuesta a decir si no fuese porque apenas tengo las suficientes para describir lo asombrosa que me ha parecido en realidad. Jamás pensé en que esta pelicula convertida en dvd y escondida entre la estanteria de la biblioteca, fuese a cambiarme la vida. La vi, la cogi y algo en mí me dijo: adelante. Hacia tiempo que no habia disfrutado tanto de una lectura así, de una historia de una niña poco peculiar llamada Paloma, curiosa en las pequeñas cosas de la vida, firmando con su cámara, estractos de escenas valiosas que conllevan una realidad. En el principio de la pelicula, sale una linterna, un rostro ovalado con unas gafas y un voluminoso cabello rizado rubio confesando su más intimo secreto:


" Me llamo Paloma, tengo once años, vivo en la la calle Grenelle en un piso de ricos, mis padres son ricos, mi familia es rica y mi hermana y yo somos virtualmente ricas, pero a pesar de eso, a pesar de tanta suerte y tanta riqueza, hace mucho tiempo,que sé que el destino final, es la pecera. Un mundo donde los adultos chocan como moscas contra el mismo vidrio. Pero lo que es seguro, es que a esa pecera, yo no voy a ir, es una decisión madurada, cuando acabe el curso, el dia que cumpla doce años, el 16 de junio, dentro de 165 dias, me suicidaré."


Luego esta Reneé, la portera del edificio, una mujer austera, malhumorada y terriblemente solitaria, que tras esa apariencia de discordia, se esconde una mujer realmente admirable, inteligente y sabia. Tal como dice paloma: Reneé es como un erizo, por fuera está cubierta de pinchos, es una fortaleza, pero por dentro, es tan refinada, terriblemente solitaria y terriblemente elegante. Ambas almas son encontradas gracias Kakuro ozu, un japones que se traslada al edificio y en el cual ambas descubren el poder del encuentro, de la amistad y las intensas ganas de amar y sentir.


Pronto, Paloma y Reneé descubrirán la belleza de las pequeñas cosas, invocarán la magia de los placeres efímeros e inventarán un mundo mejor. Las voces de esas dos almas increiblemente inteligentes y llenas de optimismo se metieron de pronto en mi corazón, haciendome disfrutar con deleite las aventuras de dichos personajes, reí, lloré, las abrazé en un suspiro, y ambas cambiaron mi forma de ver la vida, de ser alguien mejor, de disfrutar mejor de las pequeñas cosas. Muriel Barbery tiene un talento extraordinario que deja sin palabras, sin aliento. Os recomiendo con todo mi corazón esta historia conmovedora. Me costó trabajo dejar el libro en la biblioteca, me enamoré de él, y debo admitir, que algo en mi se derrumbó cuando llegó la noche y ya no estaban Reneé y Paloma para contarme algo nuevo. Algún dia volveré a escucharlas, pues ese libro lo compraré pronto, porque, es una historia que no me importaria leer una y otra vez. Gracias Muriel, por haber escrito este libro, por haber echo existir unos personajes únicos y memorables, por haberlo echo posible. Gracias por haberme alegrado los dias, por hacerlos llevaderos y hacer saber lo que es la vida de diferentes puntos de vista.


Estrellas, perseguir estrellas.




Fragmento del erizo.

domingo, 17 de abril de 2011

Soledad.

¡Qué solos se quedan los solos! soledad incierta. Viene con nocturnidad, con alevosía. Se instala, coge sitio. Y crece... crece. Lo impregna todo: las calles, las flores, los aires, los pasillos, los lechos... las gentes. Soledad incierta. ¡ Qué solos nos quedamos los solos!. Juan A. Martínez Pozo.

sábado, 16 de abril de 2011

Y decirte tantas cosas.

En un día como este, yo quisiera decirte tantas cosas, poner la mano en el fuego, sin importarme el dolor. Decirte simplemente dos palabras, sentarme a tu lado, ver como el sol se va, dejándonos solos, dos corazones que laten, pero que al mismo, les cuesta tanto entenderse. Hoy no me importaria ponerme ese vestido, disfrazarme de muñeca, que pena, tras esa máscara, hay otra persona, y a veces, me pregunto, si la habrás visto alguna vez. ¿ Piensas en mí?, a veces lo dudo, quisiera llorar, pero el cielo está libre de nubes. ¿ Donde está el limite? ¿ donde está la respuesta? ¿ donde quedó esas promesas? demasiadas preguntas. Decirte tantas cosas, y sin embargo me atraganto con ellas, espero sin embargo alguna señal, es tan pesada la espera. Quisiera decirte tantas cosas, tantas...

jueves, 7 de abril de 2011

Canción de Otoño en Primavera

Adiós a mis 23 años. Ahora llegas tú, 24. Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer... Plural ha sido la celeste historia de mi corazón. Era una dulce niña, en este mundo de duelo y de aflicción. Miraba como el alba pura; sonreía como una flor. Era su cabellera obscura hecha de noche y de dolor. Yo era tímido como un niño. Ella, naturalmente, fue, para mi, amor hecho de armiño, Herodías y Salomé... Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer... Y más consoladora y más halagadora y expresiva, la otra fue más sensitiva, cual no pensé encontrar jamás. Pues a su continua ternura una pasión violenta unía. En un peplo de gasa pura una bacante se envolvía... En sus brazos tomó mi ensueño y lo arrulló como a un bebé... Y te mató, triste y pequeño, falto de luz, falto de fe... Juventud, divino tesoro, ¡te fuiste para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer... Otra juzgó que era mi boca el estuche de su pasión; y que me roería, loca, con sus dientes el corazón. Poniendo en un amor de exceso la mira de su voluntad, mientras eran abrazo y beso síntesis de la eternidad; y de nuestra carne ligera imaginar siempre un Edén, sin pensar que la Primavera y la carne acaban también... Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer. ¡Y las demás! En tantos climas, en tantas tierras siempre son, si no pretextos de mis rimas fantasmas de mi corazón. En vano busqué a la princesa que estaba triste de esperar. La vida es dura. Amarga y pesa. ¡Ya no hay princesa que cantar! Mas a pesar del tiempo terco, mi sed de amor no tiene fin; con el cabello gris, me acerco a los rosales del jardín... Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer... ¡Mas es mía el Alba de oro! Rubén Darío.